Los consumidores se volvieron más racionales y menos impulsivos


En Argentina, ante una coyuntura donde reina la incertidumbre, los consumidores modifican fuertemente sus conductas y despliegan numerosas estrategias para lograr que la plata les alcance.

En efectivo o con tarjeta, los consumidores argentinos son cada vez más racionales y menos impulsivos. Modifican fuertemente sus conductas y despliegan numerosas estrategias para lograr que la plata les alcance. Esta tendencia se ha consolidado en el último año en todos los sectores sociales, aunque la clase media es la que más lo padece porque estaba acostumbrada a destinar parte de sus recursos al consumo de bienes secundarios y al ahorro.

Con la pérdida del poder adquisitivo, que se agudizó en los últimos doce meses a causa de la inflación y de la devaluación del peso frente al dólar, el sector medio de la escala social en la Argentina se siente excluido de las actividades económicas vinculadas al consumo, porque hay productos y marcas que debió resignar, para poder llegar a fin de mes.

Según un informe de la consultora CCR, 7 de cada 10 argentinos sienten que su poder de compra se deterioró desde 2013 a esta parte. Además, el reporte indica que los consumidores acuden a cada vez más locales para abastecerse de productos primarios. La consecuencia de esto -remarca la consultora- es que la histórica compra mensual está al borde de la extinción, y los montos de cada consumo son cada vez más bajos.

Según datos de CCR, tres de cada cuatro personas afirman que no les sobra nada de dinero luego de pagar las obligaciones y de comprar los bienes indispensables. Por otro lado, aclara que esta situación impacta de modo diferente en cada sector socioeconómico, según los ingresos disponibles. En este escenario, la tarjeta de crédito se consolida como una herramienta para financiar aquellas operaciones que demandan un fuerte desembolso de efectivo, y en la mayor cantidad de cuotas posibles, incluso pese al interés que aplican los bancos.

La mente fría

Los consumidores, en especial los de clase media y baja, acuden a numerosos canales de compra en busca de mejores precios y de promociones. Así, la compra compulsiva tiende a desaparecer. La directora de Negocios de CCR, Patricia Sosa, asegura que los consumos de artículos de primera necesidad se planifican previamente y se limitan a lo indispensable para pocos días. “La tentación de llevar algo que no estaba previsto ocurre, mayormente, cuando hay ofertas. Esto hace que sea un consumo muy controlado”, explica.

Otra conducta predominante es el stockeo preventivo para ganarle a la inflación. Esta situación se produce, según la especialista, con más frecuencia en los sectores de clase media, que buscan un segundo o tercer producto con descuento. “Esto ocurre con el aceite, por ejemplo. Para el ama de casa es como comprar dólares, porque el mes que viene estará más caro”, subraya. De este modo, la compra controlada apunta, esencialmente, a evitar el derroche. “Cada vez se compran menos golosinas en los grande súper, con el argumento de que los chicos las comen rápido. Las gaseosas se adquieren con mayor frecuencia para el fin de semana”, agrega.

Aquí entra en juego otra conducta propia de la clase media, que es la migración de marcas. Sosa señala que se refleja en la búsqueda de marcas alternativas, mediante internet o recomendaciones de otras personas. “Lo que suelen hacer los consumidores es buscar en internet o averiguar con alguien de confianza quién es el fabricante del producto. Si les resulta conocido, entonces lo prueban”, afirma.

Al mismo tiempo, el informe detectó que en los sectores medios y bajos se produce una alternancia de productos, con el propósito de ahorrar. “Con el jabón de la ropa premium, por ejemplo, ocurre que suelen alternarlo con otra marca económica. También pasa lo mismo con los artículos de limpieza. Cada vez se compra menos el producto específico y se utilizan genéricos como la lavandina”, advierte.

Escenario posible

Según los últimos datos del Indec, el 33,2% del total de gasto de consumo de los hogares argentinos corresponde a alimentos y bebidas. Otro 18,6% es destinado al Transporte y Comunicaciones. En tercer lugar, se ubican los gastos en propiedades, combustibles, agua y luz, siendo los alquileres los de mayor preponderancia en este rubro.

Ante estas prioridades, las conductas preventivas de consumo continuarán en los próximos meses. Sosa avizora que los cambios dependerán de la coyuntura macroeconómica. “Las expectativas de los consumidores coinciden en que la inflación, a futuro, seguirá aumentando. Por lo tanto, el comportamiento de los compradores se mantendrá igual, con mucha racionalidad, con migración de marcas, y siempre a la espera de ofertas”, analiza.

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