Las innovaciones que desafían a los bancos


Desde las monedas virtuales o el uso de big data hasta los sistemas de préstamos colectivos, cada vez hay más emprendimientos innovadores que desafían algún nicho que hasta ahora manejaban en soledad las entidades financieras

Por Sebastián Campanario

El título apareció dos semanas atrás: “Una firma de Wall Street desarrolló un algoritmo de alta velocidad capaz de concretar 10.000 violaciones éticas por segundo”. La noticia apareció en The Onion, un medio humorístico de los Estados Unidos, y es un chiste que juega con los avances de la inteligencia artificial y sus implicancias en el negocio financiero. Lo que no es una broma -por lo menos, seguro no lo es para los bancos- son los miles de emprendimientos que se lanzan para desafiar nichos tradicionales del sector, anclados en tecnología y en nuevos modelos de negocios.

Sólo en los Estados Unidos en 2015 se estima que las inversiones en startups del segmento fintech (innovación en finanzas) se duplicará con relación a 2014. La movida tiene tanto dinamismo que meses atrás Peter Sands, director del grupo financiero inglés Standard Chartered, se preguntó en una columna en el Financial Times si los bancos no se estarán aproximando a su propio “momento Spotify”, en alusión al sitio que cambió para siempre las reglas de juego del negocio de la distribución de la música. “El uso de efectivo es sólo una parte muy pequeña del negocio bancario, la mayor porción es información transferida, digitalizable”, marcó Sands. Y por lo tanto, entra dentro del acelerador de partículas de lo que los expertos en innovación llaman “tecnologías exponenciales”.

“Los bancos tradicionales están preocupados”, dice Javier Mazzini, analista de la consultora Celent, especializada en estos temas, “es un sector que mueve muchísimo dinero, y por lo tanto el premio a la innovación es muy alto.” En la Argentina, continúa Mazzini, el bajo nivel de bancarización hace que el negocio sea más atractivo todavía, por el potencial de incorporación al sistema de individuos no bancarizados, en un “salto de rana”. “Los jugadores nuevos se ubican en nichos que los grandes bancos desprecian, porque los consideran poco rentables, y desde allí empiezan a comer partes más jugosas del negocio”, apunta.

Un ejemplo típico de esta dinámica es lo que viene sucediendo con bitcoin, el dinero virtual. El año pasado, Alan Greenspan, el ex presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, declaró: “Hay que estirar mucho los límites de la imaginación para inferir cuál es el verdadero valor intrínseco de los bitcoins. Yo no lo pude hacer aún, tal vez alguien sí pueda”. Desde varios bancos se destacó que el dinero digital es una excelente plataforma para operatorias ilegales, como lavado de dinero. Pero el mes pasado, JP Morgan publicó avisos en diarios neoyorquinos pidiendo analistas especializados en dinero virtual para iniciar un departamento abocado a esta nueva moneda.

Pero lo que sucede con la “criptomoneda” es sólo una parte de la historia, remarcó en una columna de opinión distribuida por Project Syndicate una vaca sagrada de Wall Street, Mohamed El Erian. La “lluvia de misiles” sobre los modelos tradicionales a los que alude el teórico de la disrupción Clayton Christensen pasa en buena medida por el resurgimiento de las “finanzas alternativas”, que promueven el financiamiento colectivo (Idea.me o Nobleza Obliga en la Argentina; Kickstarter. Indiegogo y otras en los Estados Unidos) o préstamos directos de persona a persona, salteándose a los bancos.

A nivel local, en Argentina, iniciativas como Bondarea o Afluenta están explorando este camino, todavía en una fase incipiente. “Aquí no hay buenos ni malos, sino una variedad de productos que sirven a unos y a otros de manera diferente”, explica Antonio Zavalía, de Bondarea. “Por ejemplo, el sector financiero tradicional puede ofrecer alternativas de muy largo plazo y altos montos, características que hoy no ofrecen las finanzas alternativas. Por otro lado, la flexibilidad y los costos de las soluciones alternativas pueden resultar muy favorables para los préstamos de corto plazo”, dice.

En la Argentina hay bancos que incursionan en modelos de innovación que hasta hace poco tiempo hubieran sido calificados como “extremos” en el sector. Tres semanas atrás, los expertos de la escuela de innovación sueca HyperIsland que visitaron la Argentina dieron una clínica en el Banco Industrial, por caso. En el Banco Galicia hace cuatro años comenzaron con una política de innovación a gran escala, que tuvo el aporte del biólogo del cerebro Estanislao Bachrach, la adopción de metodología de IDEO (la meca de Stanford del “pensamiento basado en el diseño”) y la capacitación de decenas de “impulsores” internos que empujan esta agenda en toda la organización. “La mayoría de las veces cuando se hace referencia a la industria financiera se la asocia a una industria antigua, con lo cual siendo un banco la innovación es un desafío mayúsculo. Además, en general, se piensa en innovación exclusivamente como innovación tecnológica, limitando en consecuencia el ámbito para innovar”, cuenta Marcela Fernie, gerenta de Producto y de Publicidad del Galicia. “Vamos a seguir invirtiendo en el mediano y largo plazo en innovación disruptiva. Para este último punto vamos a trabajar en un Beta Lab con colaboradores dedicados a esto para generar nuevas soluciones y propuestas.”

La pregunta es si los grandes bancos están a tiempo de reinventarse para pelear con jugadores pequeños, más ágiles y con estructuras de costos infinitamente más chicas. Marc Andresen, uno de los fundadores de Netscape e inversor en compañías como Facebook, AirBnB, Twitter, Skype y Linkedin, sostuvo: “Tenemos la posibilidad de reconstruir todo el sistema [financiero]. Las transacciones financieras son sólo números, son sólo información. No hacen falta 100.000 empleados, edificios clase A en Manhattan y departamentos de tecnología con aparatos de la década del 70 para dar buenas soluciones de pago electrónico”.

Para Sands, los bancos tienen hoy en día la posibilidad de reinventarse y volverse en corto plazo “instituciones mucho más ágiles y eficientes para brindar servicios a los clientes”. Para ello, deben dejar de focalizarse en la batalla regulatoria que se instaló tras la crisis de 2007-2008, un pantano que resulta diminuto al lado de la guerra que se viene de la mano de la disrupción tecnológica, y focalizarse en ganar flexibilidad y apalancarse en el big data (la multiplicación de información en Internet), en el conocimiento de los clientes y en metodologías ágiles (que permitan equivocarse rápido y barato) para seguir siendo jugadores relevantes. El algoritmo de las 10.000 violaciones éticas por segundo, de The Onion, mejor descartarlo rápido en los laboratorios beta.

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