Las distintas realidades de la banca digital en el mundo


La banca digital es un proceso global que toma distintos caminos de desarrollo en el mundo, determinado por las características estructurales de cada realidad. Más allá de estas diferencias, hay elementos comunes que probablemente converjan en el futuro próximo.

Por David Tuesta

La era digital nos ha traído un uso intensivo de la información que mejora los procesos de decisión de los agentes económicos de forma espectacular. Esto se ha producido gracias a los avances progresivos en la tecnología de los datos, reflejada en la mejora exponencial del procesamiento y del almacenamiento de datos, la fulminante adopción de los dispositivos móviles y la amplia participación en las redes sociales. Estos factores combinados han generado la transformación digital, que también se refleja en el sector financiero con la llamada ‘banca digital’, que sigue progresivamente distintos patrones dependiendo del desarrollo económico de cada mercado.

Banca digital y desarrollo

En los países desarrollados, donde el acceso y el uso de los servicios bancarios son generalizados, el cambio a lo digital ha supuesto una rápida transformación de la forma como interactúan una oferta y una demanda financiera maduras.

En lo que respecta a la oferta, nuevos participantes han comenzado a ofrecer servicios de banca innovadores a través de plataformas digitales, desde mejorar métodos de pago, haciendo que sean más baratos y más rápidos, a proporcionar una diversidad de plataformas de financiación colectiva. En cuanto a la demanda, los clientes de los países desarrollados aprenden rápidamente y se adaptan a estas innovaciones bancarias, cambiando gradualmente de la banca a través de las sucursales a una experiencia de contacto más digital y sin dinero en efectivo. Todo esto se engloba en la transición demográfica, el elevado acceso a la tecnología y la mayor bancarización que existe en estos países.

En cambio, en las economías emergentes, la banca digital ha interactuado en un contexto muy distinto. Estas economías han tenido que bregar históricamente con tasas de bancarización bajas. Así, pues, la rápida globalización de lo digital ha sido un complemento importante para el proceso de inclusión financiera por el que están pasando estas geografías. Por ejemplo, el uso de los teléfonos móviles básicos ha sido un motor fundamental de la inclusión financiera en países de África. Asimismo, los servicios de dinero electrónico han sido especialmente exitosos, pues han hecho posibles los servicios de envío de remesas internacionales y han proliferado en el resto de los mercados en desarrollo.

Actualmente, los gobiernos de las economías emergentes están directamente involucrados en este proceso de ‘inclusión financiera digital’. En general, la mayoría de estas economías están optando por una estrategia que combina tres elementos u objetivos:

– Facilitar la oferta de servicios de dinero electrónico a través de los dispositivos móviles, aprovechando su importante penetración en el mercado.

– Externalizar las operaciones más básicas, como el depósito y el retiro de efectivo, a agentes bancarios, con el fin de incrementar el número de puntos de acceso a bajo costo.

– Una regulación proporcional, más flexible, que simplifica los procesos bancarios para las personas no bancarizadas y hace que los requisitos de conocimiento del cliente y prevención del blanqueo de capitales sean balanceados a los riesgos involucrados.

Diferentes procesos con elementos comunes

La banca digital tiene repercusiones en ambas realidades con énfasis distintos. Está más ‘orientada a la calidad’ en el caso de las economías que ya tienen un alto grado de bancarización y más ‘orientada a la cantidad’ en el caso de las economías emergentes, donde los países tienen la urgencia de aumentar el uso y el acceso, reduciendo al mismo tiempo las barreras estructurales.

Aunque los procesos son diferentes, la innovación perfila patrones comunes. Un ejemplo es la implantación actual de una infraestructura de identificación electrónica integral en ambos mercados, aprovechando las ventajas de la tecnología biométrica, que facilitará la interacción con el sector financiero. En cuanto a la regulación, la banca digital está abriendo un intenso debate respecto a la competencia y a las condiciones equitativas de competencia entre los bancos en ejercicio y los nuevos participantes.

Por último, aunque no menos importante, está la atención, cada vez mayor, que los responsables políticos prestan al impacto de las nuevas tecnologías en el bienestar de los consumidores, la protección de los consumidores y la alfabetización financiera, teniendo en cuenta los pros y los contras del probable uso intensivo de datos personales o pseudopersonales. En resumen, el futuro próximo dirá cómo estos procesos comunes y distintos de la banca digital evolucionarán.

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