La Argentina del consumo y de la inversión


La próxima gestión deberá enfrentar el desafío de alinear las expectativas de consumidores e inversores para darle sustentabilidad a un nuevo ciclo de expansión económica.

Por Dante Sica

Luego del fuerte traspié de 2014, el consumo se convirtió nuevamente en el gran protagonista de este año electoral. Al mismo tiempo, resulta imposible pensar en recomponer el crecimiento y hacerlo sostenible sin un incremento significativo de la inversión. Ante este contexto, la próxima gestión deberá enfrentar el desafío de alinear las expectativas de consumidores e inversores para darle sustentabilidad a un nuevo ciclo de expansión.

Desde que comenzó el año, la economía muestra una evolución dispar en la confianza de consumidores y empresas. Mientras que la primera se recupera significativamente en relación a los registros de 2014, las compañías y los mercados de crédito exhiben un escepticismo creciente sobre el futuro de Argentina, producto de los importantes desbalances que se han ido acumulando.

Es lógico que la población pueda tener la expectativa de que a corto plazo mejorarán sus posibilidades de consumo a pesar del cuadro poco dinámico de la actividad. En primer lugar, el cierre de las paritarias mejora la liquidez de los asalariados pues cobran sus sueldos con ajustes. Otro punto es que el Gobierno actual sigue retrasando la depreciación del peso y ello desacelera la inflación. En tercer lugar, la proximidad de un nuevo ciclo y un estricto control oficial sobre las empresas estarían evitando un incremento en la desocupación.

Es cierto que existe una alta correlación entre éxito electoral y el índice de confianza de los consumidores. Así como también las etapas recesivas y de caída del consumo se reflejan directamente en la confianza. En las últimas dos elecciones presidenciales en las que el Gobierno obtuvo grandes resultados, el índice de confianza alcanzó sus máximos. En cambio, los comicios de medio término coincidieron con valores deprimidos del índice y no fueron positivos para el oficialismo.

También es comprensible por qué la confianza a largo plazo de los mercados y las empresas es más débil: la trayectoria a mediano plazo que muestran los fundamentos de la economía es poco sostenible. Ni la brecha externa ni la fiscal muestran una tendencia estable. Mientras el tipo de cambio real se atrasa, las exportaciones caen y Brasil, nuestro principal cliente, se encuentra en recesión. El déficit fiscal, a su vez, muestra una evolución inconsistente, porque cada vez es más difícil financiarlo y porque está absorbiendo, cada vez más, crecientes recursos que la economía podría destinar a la inversión.

Lo que está claro es que esta vic­toria del consumo por sobre la inversión no podrá mantenerse por mucho tiempo si se pretende recomponer el crecimiento de manera sustentable. 
El dilema es cómo generar un consenso político para crecer si para estimular la inversión hay que reducir el ritmo de aumento del consumo. Sin dudas, este es el gran desafío de quien 
se imponga en las urnas en las próximas elecciones presidenciales.

Incluso asumiendo que Argentina lograra acceso al financiamiento externo, aumentar la inversión requerirá del esfuerzo local, en particular, y de una desaceleración del gasto de los hogares. Además, el nivel actual de competitividad tampoco es sostenible y, para avanzar en esta materia, habría que corregir los precios relativos, principalmente, tipo de cambio y tarifas, con impacto directo en los salarios.

Pero entonces, ¿Se puede lograr que coincidan estas dos confianzas? El punto clave es crear conciencia en la población de que la única forma de hacer sostenible el incremento del consumo es invirtiendo. En otras palabras, se trata de poner en línea todas las confianzas: la del ciudadano, la de los inversores y la de los mercados.

La confianza debe apuntar a que el ciudadano crea la promesa de que su consumo crecerá algo menos que el PIB, para hacer lugar a la inversión, y que su gasto de largo plazo podrá ser mayor y también sostenible. Para ganar esa confianza, la nueva administración deberá demostrar que cuenta con un programa de crecimiento sostenido, funcionarios idóneos para implementarlo y que ese es el camino correcto para que todos salgan ganando.

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