Financiación a corto plazo con el ‘factoring’, también para Pymes


Ceder la gestión del cobro de las facturas, un método que se expande cada vez más entre las pymes para transformar las ventas en liquidez de manera anticipada y llevar un mejor control sobre los clientes.

Por Alba Casilda

Adelantar el momento del cobro de las facturas ayudará a las pymes a financiar sus operaciones a corto plazo. Lo pueden conseguir a través del factoring, un sistema que hasta ahora ha sido común entre las grandes empresas. Sin embargo, cada vez más entidades bancarias crean nuevos programas para gestionar los cobros de las pequeñas.

En esta actividad, las firmas ceden las facturas generadas por sus ventas a una organización especializada. Si se contrata, ésta también puede proporcionar otros servicios administrativos, como la cobertura del riesgo de insolvencia de los deudores o el pago anticipado. Sin embargo, este instrumento no cubre acciones que tengan vencimientos a largo plazo. Sólo se aceptan aquellas que se deban pagar en un plazo inferior a 180 días.

Por ejemplo, si una pyme está llevando a cabo una estrategia de expansión y tiene clientes en varios países, ceder sus facturas le ayudará a conseguir liquidez de manera inmediata para planificar la tesorería y prever posibles desviaciones. No se debe confundir con el confirming, un instrumento con el que se gestiona el pago, en vez del cobro. En este caso, una entidad financiera se encarga de abonar las facturas directamente a los proveedores y sirve como un mecanismo de financiación para éstos.

Por tanto, la principal ventaja para las firmas al recurrir al factoring es que las compañías pueden transformar sus ventas en liquidez, además de recibir una serie de servicios extra. Esto también es útil para conocer mejor a los clientes y determinar su solvencia. Sin embargo, se deberá asumir un coste y pagar un tipo de interés. La entidad también le puede pedir a las empresas exclusividad y decidir qué deudores acepta y cuáles no.

-Sector: “Aunque entre las pymes existe una gran diversidad de los ámbitos en los que se emplea el factoring, es la industria manufacturera la que más recurre a él. Estas empresas pueden sacar un gran partido de este instrumento, ya que son firmas dedicadas a la transformación de diferentes materias primas en productos y bienes terminados, listos para ser consumidos o distribuidos a los consumidores finales”, explica María Lafita, responsable de ventas y márketing de Eurofactor España. Este tipo de actividad es muy apta para cumplir con las condiciones que se piden. Por ejemplo, no suelen contar con largos periodos de vencimiento, lo que facilita la operación.

-Contrato: Antes de cerrar el acuerdo con la entidad especializada, ésta analizará la situación financiera de la compañía. Además, cobrarán especial importancia aspectos como la actividad del cliente y la manera en la que realiza la comercialización de sus productos. Se estudiará cómo vende, a quién, en qué plazo y con qué condiciones. Esta información determinará la viabilidad del contrato, e incluso su coste final. Después se fijarán límites para cada uno de los deudores. Al mismo tiempo, se debe presentar la documentación con las cantidades a cobrar de forma física o a través del correo electrónico.

-Momento de pago: Se tendrá que decidir la fecha en la que la pyme cobrará sus facturas. Por ejemplo, se puede determinar un día límite hasta el cual la empresa de factoring puede ir abonándolas, o también realizar un pago por anticipado.

Si el principal motivo por el que se contrata este instrumento es conseguir financiación a corto plazo, las empresas deberían decantarse por el anticipo de las facturas desde el momento en que las ceden.

-Con o sin recurso: Las firmas deben valorar para qué necesitan este instrumento. De ello dependerá que les compense más elegir una opción u otra. En la posibilidad con recurso, la entidad no asume el riesgo de impago del cliente. Si se produce un retraso, la pyme recibirá las facturas que cedió y tendrá que devolver el importe que se le anticipó. Por el contrario, en la opción sin recurso, sí se asume ese riesgo.

-Coste: La cantidad que tendrá que pagar la firma se divide principalmente en dos componentes. El primero es financiero por el anticipo. Estos intereses se suelen corresponder a los establecidos en préstamos concedidos a corto plazo y el margen dependerá de la solvencia de la empresa. Mientras, la segunda parte corresponde a una comisión que se fijará según el resto de los servicios prestados, como la cobertura de un impago.

Diferentes soluciones

En los últimos años, los bancos han incorporado a su cartera de productos el factoring para financiar a más pequeñas y medianas empresas. Además de las grandes entidades financieras, también han empezado a surgir instituciones especializadas. Los negocios pueden optar por diferentes modalidades. Una de las más recurridas es el factoring de exportación para gestionar los pagos de los clientes en el exterior, ya que muchas pequeñas firmas han comenzado su aventura internacional. Sin embargo, las entidades también han creado otros productos especiales para estas firmas, independientemente del proyecto que estén desarrollando. Por ejemplo, Factoring Advance, producto de Banco Santander, se dirige sólo a las pymes, ayudándoles a gestionar los cobros de manera ágil. Por otra parte, también se proporcionan soluciones para gestionar los cobros a nivel local, como es el caso de BNP Paribas. Otra opción puede ser la de Banco Popular con Línea bienvenida pymes, con la que ofrece este instrumento junto a otras cuentas de crédito y avales.

Las facturas, de manera electrónica

Las pymes pueden emplear la factura electrónica para agilizar los procesos de la operación de factoring. De esta manera, los documentos, firmados digitalmente, se pueden transmitir de forma telemática. Además, servirá para garantizar tanto el origen del archivo como su contenido. Este sistema contribuirá a la comunicación con la entidad a la que se le ha cedido el derecho de cobro. De hecho, se pueden automatizar una serie de pasos que hacen que se incremente la eficacia y que disminuyan posibles errores de gestión. Aunque la implantación de la facturación electrónica implica gastos, también significa un ahorro de recursos y tiempo. Para emitir el documento, las pymes deben conocer que aunque mandarlo por email tiene la misma validez, no cuenta con los mismos mecanismos de seguridad, por lo que la mejor solución son los formatos estándar de cada entidad.

 

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