Economía colaborativa: el paradigma económico del siglo XXI


Existe una gran cantidad de modalidades: crowdsourcing, coworking, bancos de tiempo. Wikieconomía, una nueva forma de intercambio de bienes y servicios que, gracias a la tecnología , crece cada día más a nivel mundial.

Aún sin ser conscientes de ello, casi todos, directa o indirectamente, hemos formado parte de este engranaje, intercambiado nuestra casa, acudido a un banco de tiempo o compartido coche. Esta nueva forma de intercambio de bienes y servicios, conocida como economía colaborativa o wikieconomía, surge en un contexto donde los nuevos tiempos se imponen en las pautas de consumo y las posibilidades de llevar a cabo cualquier plan se multiplican haciendo factible estilos de vida alternativos.

Pero, ¿en qué consiste exactamente? A este fenómeno se lo define como un nuevo modelo de intercambio económico basado en tres principios: interacción entre productor y consumidor, diálogo continuo fomentado a través de las nuevas tecnologías y la colaboración entre los participantes.

Específicamente, según el portal de noticias Forbes, los componentes de la economía colaborativa en su forma más simple son tres:

  • Una persona con una necesidad específica. Por ejemplo: tiene que trasladarse de un punto a otro y no tiene auto o no confía en los taxis; quiere alojarse en una ciudad, pero ya no hay disponibilidad hotelera o los precios son exorbitantes; es un profesional freelancer y quiere tener más trabajo. Estas necesidades, que son relativamente comunes, podrían satisfacerse de forma casi inmediata si estuvieran en contacto con personas que ofertan esos servicios.
  • Una persona que tiene un bien o una habilidad subutilizada. Es decir, tiene un automóvil y está encerrado en el garaje; es diseñador y quiere tener más clientes; tiene un departamento que no usa o que desea rentar sólo a turistas. En este caso, las personas pueden ofrecer una serie de soluciones de forma inmediata y sin necesidad de hacer contratos.
  • Una plataforma que conecta a los particulares. Y esto es lo más importante: no es la plataforma la que ofrece las soluciones, son los particulares quienes lo hacen. La aplicación media entre ellos, los pone en contacto y ofrece una serie de condiciones y garantías para que ambos puedan sentirse respaldados cuando contratan sus servicios.

Reducir el impacto medioambiental, crear lazos sociales u obtener acceso a bienes gratuitos son algunas de los objetivos del crecimiento de este ‘paradigma económico’ cuya tasa anual de crecimiento en el año 2013 se situaba en el 25% según la revista ‘Forbes’.

Pero esta iniciativa basada en el mecanismo del trueque, no hubiera podido llevarse a cabo sin la existencia de la tecnología. Una ventaja de la sociedad actual que permite facilitar la interrelación entre emprendedores individuales y personas preocupadas por la cooperación, la democratización, así como el desarrollo de las capacidades individuales, entre otros valores.

Se trata de un modelo de consumo de persona a persona (P2P), donde la regulación es sustituida por la meritocracia y sin mucha injerencia por parte del gobierno. Estos servicios tienen la característica de ofrecerse vía web y solicitarlos y pagarlos vía aplicación, en este sentido el usuario tiene el poder de decidir, dónde y cuándo requiere un servicio.

Por ejemplo, Yolcan es un proyecto de producción de frutas y verduras orgánicas, llevado a cabo en México. Se encarga de cultivar alimentos orgánicos y luego venderlos directamente a los consumidores. Evitando, de esta manera, el encarecimiento de los productos a causa de los intermediarios.

Aparte de este tipo de economía colaborativa, existen una gran cantidad de modalidades: crowdsourcing, coworking, bancos de tiempo o intercambio de cualquier tipo de producto. Albert Cañigueral, especialista en consumo colaborativo, los clasifica en cuatro tipos: producción contributiva, consumo colaborativo, finanzas peer-to-peer y conocimiento abierto.

No obstante, el concepto de ‘economía colaborativa’ como tal solo puede entenderse desde un punto de vista complementario al mundo económico, en el que se rehúye de la acumulación individual de bienes, centrándose en la búsqueda de valores como las nuevas amistades y la preocupación por el excesivo consumo de recursos.

Consumo Colaborativo, el más común

El término consumo colaborativo o también denominado consumo conectado, es una de las prácticas más demandadas y conocidas. Aunque existen variantes dentro de esta, la optimización de activos como los sistemas de coche compartido o las páginas webs que ponen a la venta objetos de segunda mano son los ejemplos más comunes.

Ideas que nacieron en plena crisis económica, con el objetivo de obtener una ganancia adicional de los activos, se han consolidado creando grandes plataformas. Es el caso de Uber, fundada en 2009, que se define como una “empresa de servicios de la sociedad de la información” que ejerce de intermediadora entre conductores y pasajeros a través de una aplicación para móvil.

La Unión Europea elaboró en enero de 2014 un dictamen de iniciativa en el que explica esta tendencia, mencionando el consumo colaborativo como una de las modalidades más extendidas y explicando que supone una alternativa a la crisis económica y financiera en la medida que posibilita el intercambio en casos de necesidad.

“Las iniciativas que se engloban bajo esta fórmula permiten a los consumidores tener acceso a un amplio rango de productos y servicios de gran calidad y a un precio muy inferior del que tienen en la economía tradicional”, subraya Juliet Shor, socióloga en el Boston College en dicho informe.

Retos a los que se enfrenta

Cañigueral, consciente del incremento de esta tendencia, así como del intercambio de riqueza intangible que genera, augura una fase de ‘consolidación’ de cara a los próximos años.

El apoyo de las administraciones públicas a la economía colaborativa, así como la importancia de un desarrollo legislativo que regule esta normativa de cara al futuro, resulta esencial. “Si queremos que la economía de colaboración tenga recorrido a largo plazo, debe estar más regulada y claramente fiscalizada.” subraya Cañigueral.

Por su parte, la socióloga Juliet Shor cree que es muy difícil prever cómo evolucionará el consumo conectado, aunque sostiene que la tendencia se dirige hacia un incremento a causa de la necesidad económica. “Porque es una economía de pequeña escala, más local, basada en intercambios entre pares, que fomenta la recirculación de bienes y la reutilización de activos. Este modelo económico tiene menor impacto negativo en el planeta y en las personas que el modelo actual” subraya.

Sin embargo, este tipo de servicios tienden generar tanta polémica por quienes se sienten en competencia, que el caso termina por atraer la atención de un marco legislativo inexistente y por supuesto, incapaz de ofrecer medidas regulatorias ad hoc con las nuevas tecnologías.

Deja un comentario