El Premio Nobel de Economía (2006) advirtió ante la escalada de problemas que se percibe en la economía argentina. En un entorno internacional más inestable que nunca, abogó por mantener las reglas y cuidar el sector productivo...
Edmund Phelps no es ningún desconocido en el país. Casado con la argentina Viviana Montdor y con una cátedra en la Universidad de Buenos Aires que lleva su nombre, suele observar de cerca al país. En esta ocasión, su visita a Buenos Aires estuvo motivada por su discurso en la conferencia "Emprendimiento, Dinamismo e Inclusión", que organizaron la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella.
En la antesala del encuentro, Phelps ofreció un conferencia de prensa en la que evaluó la actual situación de la economía local. El investigador y profesor de la Universidad de Columbia, de 76 años, no dudó en resaltar que la falta de dinamismo que muestra la Argentina se basa en “costos de contratación y despido aún demasiado altos.” Abogó por gremios más flexibles y menos poderosos. “Ya quedó atrás la idea de una clase trabajadora que tiene que defenderse de la avaricia del boss”, indicó. “En muchos países los trabajadores y los empresarios entienden a la empresa como un club de ayuda mutua en la ambos grupos trabajan en conjunto y en beneficio mutuo”, aclaró. Otro tema fue el adelanto de las elecciones, que el economista desaconsejó por “contribuir únicamente a generar más incertidumbre y incrementar el miedo ante qué otra medida ad hoc pueda llegar implementar el Gobierno”.
Al margen de la conferencia, Apertura.com tuvo ocasión de dialogar con Phelps para ampliar algunos de los conceptos.
¿La idea de un sindicalismo fuerte es algo muy propio de la Argentina?
Ya quedó atrás esa idea de un sector que explota a sus trabajadores. Es más, no hay ninguna razón por la que un sindicato debería tener que repartir servicios sociales, por ejemplo. En cambio, donde sí los gremios deberían tener mucho más poder es en el sector público. Allí el trabajador está bastante más indefenso ante su empleador, que es el Gobierno, y al que no le puede presentar una demanda sin problemas. Pero, más allá de eso, en la Argentina debería establecerse un cambio de cultura de trabajo. Se debería tender hacia una cultura del mérito. Premiar el esfuerzo y no los contactos, las relaciones que uno tiene en su entorno laboral.
Llendo al plano internacional, ¿cree que la reunión del G20, que se celebrará en Londres, promete ser un punto de inflexión para los mercados globales y que es una obligación de ésta reunión ayudar a los mercados en desarrollo?
Creo que esta crisis sí pone a las economías en desarrollo en una situación muy peligrosa que tiene que ver con la fragilidad de sus economías. Por eso, concuerdo con que los líderes del G-20 deben poder acordar un programa o programas de ayuda para las economías que fueron más golpeadas por la crisis internacional.
En la Argentina, una de las medidas más propiciadas tanto por empresarios como por algunos funcionarios para defender la competitividad es un tipo de cambio alto. Ante un entorno internacional como el actual, ¿cómo evalúa usted un tipo de cambio que tiende cada vez más hacia la marca de los $ 4 por dólar?
Hay que resaltar, que, en general, la devaluación de la propia moneda y un aumento del valor del dólar es un arma de doble filo. Trae consigo algunos beneficios particularmente en el corto plazo. Pero, en el largo plazo, estos se transforman en costos. El primer caso, obviamente, provee un estímulo inmediato para incrementar exportaciones y reducir importaciones. Creo que no les tengo que explicar este tipo de dinámica a ustedes, los Argentinos (ríe). Sin embargo, el incremento del precio del dólar sirve también como un escudo. Los productores locales pueden aprovecharse de esta protección de igual forma que si se tratara de un arancel. Esto los induciría a subir sus precios, sabiendo que los competidores extranjeros se encuentran hoy en una posición de desventaja. Entonces, si una gran variedad de productores hace lo mismo y trata de aumentar sus precios relativos a la tasa de ingresos, eso se convierte en un problema.
¿Por qué?
Porque significa que los salarios deben caer o la economía debe contraerse hasta que los productores no se sientan más incentivados a subir sus precios. Para hacerlo menos técnico: lo que significa es que o usted genera más inflación o una reducción en su tasa de productividad o, en el peor de los casos, ambas cosas al mismo tiempo.
En estos momentos que, en el mundo, se expanden las noticias de reducción de personal y de falta de trabajo, algunos especulan con que el aumento de la tasa de desempleo conllevará también a una baja en la tasa de inflación. ¿Cómo evalúa tal concepto?
Creo que es muy peligroso asumir este tipo de relaciones y aventurarse a pensar que el aumento de desempleo puede llegar a reducir automáticamente la tasa de inflación. La determinación de un tasa de desempleo es mucho más complicada y compleja que eso. Incluye, por ejemplo, considerar cuál es la dirección que está tomando el desempleo y no simplemente el nivel del desempleo de hoy. Un ejemplo que en estos días puede servir, es que, durante los días de la Depresión, la tasa de desempleo estuvo por las nubes, mientras que la tasa de inflación no dejaba de subir. Se frenó recién en 1937 cuando el Banco Central intervino. Lo que si puede pasar es que, si usted ya tiene un alto desempleo y, al mismo tiempo una tasa de desocupación también creciente, tendrá deflación.
¿Usted cree que un escenario de una economía en retroceso en combinación con una alto porcentaje de inflación son los escenarios más probables para la Argentina?
No le podría estimar qué tasa de inflación les podrá tocar a futuro. Pero sí creo que el desempleo subirá y que también la inflación será bastante alta.
¿Considera que ya vimos lo peor de la crisis o que tenemos que prepararnos para otro caso como el de Lehman Brothers?
Depende mucho de cada país. Siempre se trata de una constelación especial. Tanto es así para China, como para la India o Estados Unidos. Especialmente para Estados Unidos veremos una tasa de producción y actividad inestable. Podrá seguir cayendo un tiempo, aunque creo que será una línea con baches. Para 2010, espero que la curva vuelva a una curva ascendente.
¿Cree que con las últimas iniciativas de la administración Obama alcanzarán para iniciar la recuperación o cree que se necesitarán más fondos?
El paquete de estímulo es algo que se gasta y en dos años ya no tendrá fondos. Para entonces deberemos haber aprendido otra vez a nadar por nuestros propios medios sin estímulo (ríe).
¿Cómo evalúa las probabilidades de éxito del plan que presentó el secretario de Tesoro, Timothy Geithner, este lunes para solucionar el dilema de los activos tóxicos? ¿Cree que el sector privado responderá, que el atractivo es lo suficientemente alto para que se aventuren a participar para poner en marcha la máquina de inversión y crédito?
No tengo información exacta sobre el tema, pero estoy seguro de que el Gobierno no se habría identificado de forma tan importante con el plan si no se hubiera asegurado de antemano – o tuviera indicios e informaciones muy sólidas – de que algunos importantes inversores estarían interesados en participar.
Obama dijo en estos días que ve las primeras señales de mejora económica. ¿Usted comparte su visión?
Usted se refiere a los últimos datos de bienes duraderos y a las cifras de venta de casas en los Estados Unidos. Respecto a eso hay que decir que, como decimos en inglés, la vista de un gorrión no hace un verano (ríe). Pero, hablando en serio, creo que este año todavía será un poco rudo y estará lleno de baches. No se podrá ver una tendencia clara con respecto al crecimiento económico. Pero, por otro lado, tampoco nunca tuve la sensación de que la economía se contraerá de forma trágica. Por ejemplo, pienso que la tasa de desempleo no pasará la marca del 10 por ciento, que no es para nada bueno, pero tampoco es la peor recensión que hayamos visto desde los años 30. Me preocupa mucho más que la economía entre en una etapa de estancamiento una vez que haya levantado cabeza otra vez. Me temo que no habrá mucho dinamismo entonces.
¿Cuán peligroso es para una economía en este contexto internacional seguir cooptando rentabilidad a través de retensiones a la exportación, cuando la tasa de producción se transforma en una línea de ayuda directa para el empleo y la cadena de pagos?
Es un peligro muy grande. Porque al fin al cabo, uno necesita tener una economía en la que se de un gran potencial para que emprendedores y multiplicadores de riqueza no sientan inseguridad sobre si sus ganancias serán fiscalizados. Para decirlo de otra forma, una cosa es trabajar y actuar a través de una modificación de un impuesto sobre la renta. Esto se transforma en un elemento muy peligroso cuando se empieza a crear sobre ese modelo nuevos tipos de tasas e impuestos. Simplemente da lugar a una mayor inseguridad e incertidumbre, una ansiedad sobre qué otras medidas sorpresivas el gobierno pueda tomar para generar ingreso fiscal. En estos tiempos, ya hay suficiente incertidumbre y ansiedad entre todos los sectores de la economía, particularmente entre emprendedores sobre el futuro. Entonces, éste no es un buen momento para fomentar más la incertidumbre.
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