Rubén Tani es licenciado en filosofÃa y letras. Profesor de lingüÃstica general y asistente de teorÃa del lenguaje del instituto de lingüÃstica de la facultad de humanidades y ciencias de la educación, profesor adjunto de teorÃa antropológica de la licenciatura ciencias antropológicas de esa misma facultad y profesor de lógica y filosofÃa del lenguaje del instituto de profesores artigas, asà como profesor asociado de la multiversidad franciscana de América latina.
¿Cuál es, según su criterio, la imagen que de un banco como el República existe en la conciencia colectiva de los uruguayos?
Yo creo que la gente no esperaba esto del Banco República o lo de los bancos privados. Pero no sé si por el Banco o porque todavÃa queda el mito del batllismo, del Estado, del Banco PaÃs. Yo no digo que el Banco haya sido siempre honorable, pero en la tradición siempre fue como sólido y esto generó en la conciencia de los uruguayos una imagen.
¿El marketing tiene algún papel en esto?
Yo no digo que la influencia del marketing no tenga efecto, pero creo que está en un nivel más profundo la idea que los uruguayos tienen del Banco República. Yo también, si tuviera que depositar irÃa al Banco República y además no por la propaganda. No es que confÃe, pero es el Banco República. Sin ninguna especulación. Se supone que la gente normal que pone dinero en los bancos también haga lo mismo, pero ahà tenés, hay gente que puso el dinero en esos bancos que ya estaban en crisis, algo que yo no hubiera hecho. Porque me acuerdo que hace poco el Banco Comercial tuvo problemas, igual que el De Crédito.
La imagen importa, pero no a nivel de marketing, que es superficial, sino la imagen que crea la propaganda a nivel de las narraciones históricas, que son discursos más armados, más sofisticados, que hay que medir bien lo que dicen y cómo lo dicen, las imágenes que dan. Ahora que hay guerra es peor. Vos ves ahà quién es bueno, quién es malo. Además esas imágenes son sutiles. No es tanto el marketing sino la imagen más inconsciente que uno tiene y que no es racionalizable y me afecta a mÃ, que no me interesa la economÃa o no tengo dinero, ni me preocupa el mismo, porque no trabajo en los bancos. Igual opera sobre mà porque si tengo dos mangos voy al Banco República. Lo mismo ocurre con la Afap República. Y si me preguntás por qué. Yo qué sé. Hay una razón de hecho, pero es esa imagen más de larga distancia. Que hasta yo creo que algunas personas jóvenes que no conocen el viejo modelo también participan de ella.
Yo creo que son imágenes más profundas, porque el marketing tiene una incidencia más superficial, que tiene una influencia cotidiana pero creo que hay imágenes de más atrás, que son menos visibles y menos explicables. Pero que la gente las sigue. O tienen una conducta, porque desde el momento en que yo tengo cinco mil dólares, que no tengo, voy al Banco República. Ni lo pienso, porque tendrÃa que pensar para explicar por qué lo hago. Y no es por la propaganda del Banco República. La propaganda, por más que me diga: sÃ, venga que lo tratamos bien, no me define. Ahà lo que hay es una imagen otra que a mà me hace tomar esa decisión. Y esto se hace casi irracionalmente porque son imágenes que vos tenés más arraigadas y que son compartidas por mucha gente.
Aparte de las imágenes cotidianas que nos están dando todo el tiempo, que tienen su estética, su persuasión y su discurso, y son buenas o malas, hay otras imágenes más arraigadas que no desaparecen y que no responden de repente a la propaganda actual.
¿Se puede explicar cómo se configuraron esas imágenes, cómo se constituyeron en relato?
Este es un modelo diferente de aquél, el del primer batllismo, que era más bien europeo, del siglo XIX, ilustrado. Te dan las ocho horas, la silla para sentarte, el divorcio. Entonces, eso vos lo disfrutás y no te das cuenta. Ahora, cuando eso empieza a fallar, o te plantean un modelo fuerte como éste, en una gran crisis como la que vivimos, no tenés que saber demasiado, ni comparar, ni acordarte –en el caso de la gente más joven-. Aquél era un paÃs más cerrado, contradictorio y todo lo que vos quieras, con dificultades. Vos venÃas de unas décadas en las que habÃa ciertas crisis, como las de Terra o Brum, pero que se van olvidando, y en las que se va haciendo una acumulación institucional; y ese marco institucional y simbólico, que por un lado es real, porque vos funcionás en él, deja una base que por más que la quieran cambiar, está, sobrevive. Son todas esas instituciones que inventaron ellos: OSE, UTE, Antel, AFE. Y hay gente que defiende eso. Es difÃcil implementar una estrategia polÃtica o un modelo diferente. Porque el modelo viejo resiste en los agentes sociales, en las personas.
Porque detrás de la institución concreta hay una imagen simbólica, que es operante todavÃa...
Yo creo que sÃ. No sé en los jóvenes jóvenes, pero igual no importa. Porque esas imágenes no son claras. Pero, más allá de lo polÃtico, más allá de las edades, la gente defiende estas imágenes más enraizadas, más fuertes, que no se explican fácilmente, y que son compartidas por mucha gente. Por ejemplo, la imagen de la propaganda la gente la puede percibir de distinto modo, entender el mensaje o no entenderlo, gustarle o no gustarle; puede ser captado de manera diferente por distintos sectores. Sin embargo, estas imágenes tipo mitológicas del Uruguay son compartidas por mucha gente de distintas clases sociales y niveles educativos. Porque son como más resistentes y no producto de la propaganda, sino de años de compartirlas o de la experiencia. Porque la gente está experimentando el cambio de modelo y elige. Y para eso no tiene que saber mucho cuándo se originó el viejo modelo. Lo que está, está, no sé cómo vino hasta acá, pero no queremos que lo cambien. Esto genera un choque de imágenes y también tensión social.
Habiendo cambiado drásticamente la realidad en este momento de crisis, aquella imagen algo ha de haber cambiado...
Lo que pasa es que la ética sacrificial, del funcionario probo, cambió un poco. Más allá de que siempre hay gente que comete hurtos y esas cosas. Porque una sociedad es compleja y la gente hace cosas legales e ilegales. Pero el Uruguay clásico, el Uruguay batllista, es un Uruguay en el que el funcionario es un funcionario probo. Como te decÃan antes: estuvo cuarenta años en la polÃtica y no sacó un dinero o murió pobre. Y en algunos casos era cierto. HabÃa toda esa mÃtica de la vocación de servicio, del Estado, del funcionario. Y eso varió. No sé por qué o quizá por la crisis del modelo. Porque ese modelo institucional educa personas, pero también educa en un contexto real. Entonces las instituciones parece que funcionan, más allá de que no funcionen bien. Hay algo orgánico que funciona y continenta a las personas. Pero ahora, en este cambio muy claro que se está proponiendo, tengo la sensación de que no hay continentación.
¿Entonces existirÃa también una crisis de lo que es la ética del funcionario probo?
De esa ética del funcionario probo que trabaja, que en cierto modo era verdad. Porque habÃa personas con eso que ahora llaman vocación de servicio: el buen funcionario weberiano. Y para mÃ, al decir confiar en el Banco República, no se debe olvidar que éste es AFE, la OSE, es Antel, que hace diez años que quieren venderlos y siempre ha habido resistencia. ¿Cuántos plebiscitos y juntas de firmas hubo?
¿Los funcionarios tampoco se sentirÃan entonces tan controlados por la sociedad?
Lo que quizá pasa es que como antes el Estado era una instancia y después tenÃas lo privado y el Estado tenÃa un poder, por ejemplo en su época el viejo Batlle decÃa tal cosa y se hacÃa, no habÃa costo polÃtico. Eso en la actualidad no se da. Aquélla era otra época, otra cabeza: el racionalismo, el laicismo, el progreso no sólo económico sino también cultural, en la que el Estado velaba para otorgar el progreso. Aquello se perdió. Eso no está más. Entonces los polÃticos hacen aunque tenga un costo polÃtico, porque no tienen más remedio o porque se juegan a algo, pero no hay un proyecto social de aquel tipo; en el que habÃa ideas, ahora no las hay. Hay ideas, pero no de aquel tipo. ¿Y cómo tenÃa ese poder el Estado? Porque eran agentes fuertes, porque tenÃan una misión de desarrollo, de civilización, como un paÃs europeo. No es que fuera perfecto, pero ése era el proyecto.
Entonces ahora tenemos un modelo diferente, medio mezclado, con lo cual se produce una gran contradicción. Porque la gente compara el experimento o el intento del experimento de cambiar el modelo: el de la economÃa de mercado, del sobreviva el que pueda, y el otro modelo.
Antes la imagen del Estado era omnicomprensiva, cuando todos los entes funcionaban, la educación era estatal. Hay como una mÃtica. Y no es que la estén propagandeando todo el tiempo; funciona todo el tiempo: vos estás en las instituciones, vivÃs en ellas, trabajás en ellas. En los discursos viejos vos ves el Estado, el Estado, el Estado, que sos un servidor del Estado. No es que fuera perfecto, que toda la gente fuese honesta, pero habÃa como un gran poder del Estado sobre lo privado. Ahora es más confuso, porque cuando se desregulariza, te meten una cabeza más bien de empresa en vez de ente –esa extravagancia, el ente público, esa cosa inconmensurable que la manejan hombres pero parece mÃtica, porque el Estado pasa de generación en generación-, cuando te dicen que es una empresa y que la gestionan asà y ya se mezclan los intereses, esa mÃtica se pierde. Porque eso es producto de que te educan asà desde la escuela. Los libros viejos de la escuela eran asÃ: el trabajo, el ahorro; una ética tipo protestante. Si agarrás los libros de la escuela de los años veinte o treinta y vas a ver la imagen de lo que es el trabajo, es ésa. Ese mensaje ético moral un poco se abandonó. El Estado era tan importante que dentro de eso vos tenÃas un lugar en la cosa pública, como dicen los polÃticos. Pero hoy la cosa pública está complicada.
Yo creo que se perdió aquella mÃtica y esto ocurre porque a su vez están trabajando para destruir esa mÃtica. El proyecto alternativo a esa cosa es un proyecto que presenta todos los rasgos negativos de la misma: que el Estado es lento, que no puede competir en el mundo actual, que no se actualiza, que es pesado, burocrático. Lo que antes era un mérito. Antes el Estado era todo, por eso era verosÃmil. Cuando vos lo ves en la distancia te das cuenta de que hay burocracia, poca creatividad, que es lento, pero de todos modos hay resistencia a quitarlo del todo.
Y no es que no hubiese conflictos en otros niveles, pero a ese nivel tenÃas como ese marco institucional general que era como una cosa omnipresente. Pero ahora algo te dice que hay crisis de imágenes, o de no imágenes. La institución de esta ética del funcionario probo ya no se ve. La conciencia estarÃa en ese marco, no en una institución sola. Pero si te quitan eso es como que te queda un vacÃo, se hace difÃcil pensar a un nivel social, filosófico. A nivel social la gente queda complicada. Hay una nueva ética, pero yo no sé si la gente la quiere.
Hay una decisión de defender aquello, aunque sea difÃcil ver cómo operan en la mente de la gente esas imágenes, porque son imágenes complejas, son un conjunto de cosas, de valores, que son más arraigados que las imágenes de la propaganda que van y vienen y generan cosas de más corto alcance. Es más profundo. Es difÃcil decir qué imagen tienen en la cabeza porque es mucho más difuso. Es una serie de cosas que están allà o porque te contaron o porque lo viviste o porque estás comparando aunque no te interese la forma vieja, pero de lo que queda, lo que hay es lo que estaba antes: el agua, el ferrocarril, la educación gratuita. Y el Banco República está dentro de esa red de instituciones estatales que se generan en una época y que persisten en esas imágenes, aunque el núcleo de esa época no esté más. Si vos decÃs: vamos a privatizar el Banco República, vas a ver cómo no podés; porque es un costo polÃtico enorme. HerÃs la mitologÃa, de muerte.
Las instituciones duran. Cómo estén no importa, duran. Y aunque estén medio mal, perduran.
Cada minuto en la operación diaria de un negocio se toman decisiones, la mayor parte de esas decisiones son tomadas con información o cierta intuición de los empleados, mientras más usamos la información y los hechos, y menos utilizamos la intuición, se puede estar más seguro de haber tomado una buena decisión.
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