Cuando menos se lo esperan, los referentes de una industria pueden enfrentar el desafÃo de competidores “low-end”, que se mueven en el extremo más bajo de los precios ofreciendo productos prácticamente similares.
Para bajar sus costos, estos competidores suelen reducir algún beneficio en la funcionalidad del producto o en
la conveniencia de la compra. Por la estrategia que adoptan, se los puede clasificar en cuatro categorÃas: “strippers”, depredadores, reformadores y transformadores. Las principales alternativas
estratégicas para hacerles frente son: aguantar a pie firme (ignorando el desafÃo, bloqueándolo, o adquiriendo al
competidor low-end), o reforzar la propuesta de valor (agregando puntos de precio, aumentando los
beneficios o bajando los precios).
La dinámica de un ataque low-end
Cada industria tiene uno o más lÃderes referenciales, es decir grandes competidores que establecen los parámetros de precio y desempeño, como lo hacen General Motors en la industria automotriz, Hewlett-Packard en la de las computadoras personales y KelloggÂ’s en la de cereales para el desayuno. El referente vende una combinación de productos que representa a la industria, y sus puntos de precio son seguidos por el resto. Estos lÃderes suelen controlar entre el 35 y el 80 por ciento de las ventas totales de su sector.
El competidor low-end ofrece precios hasta un 20 por ciento inferiores, o bien complementa sus rebajas con otros beneficios (en la compra o en el uso del producto o servicio). Sin embargo, para obtener alguna ganancia, suele reducir ciertos beneficios para el cliente. Hay tres tipos de beneficios que pueden ser recortados: los de funcionalidad, los de conveniencia y los de confiabilidad. Pero sólo los dos primeros ofrecen oportunidades significativas.
La funcionalidad alude a las caracterÃsticas de un producto que afectan la forma en que se lo usa (tamaño, potencia, velocidad, estilo). En una actividad minorista o de distribución, incluye la selección y el costo de los productos, y las mejoras en el ambiente de la tienda. En la fabricación, el costo de los materiales, de la mano de obra, y la inversión de capital.
La conveniencia alude a la facilidad para comprar e instalar el producto.
La confiabilidad tiene que ver con el mantenimiento de las promesas (en materia de entregas, desempeño, disponibilidad de inventario, devoluciones, etcétera). Si se recortan los costos de la confiabilidad, se corre el riesgo de perder credibilidad, lo que constituye un error potencialmente fatal para cualquier empresa que intenta entrar en un mercado.
Es más probable, entonces, que un competidor low-end reduzca beneficios de funcionalidad, de conveniencia, o ambos, para lo cual existen diversas estrategias, según comprobamos al estudiar las operaciones de más de 250 competidores low-end en numerosas industrias durante los últimos 15 años. Un resultado clave de la investigación fue que los competidores low-end que tienden a emplear alguno de estos abordajes: son “strippers, depredadores, reformadores o transformadores".
Strippers. Los “desnudistas” entran al mercado con una oferta básica, reducida en su funcionalidad y conveniencia. Las importantes rebajas que brindan atraen sólo a los consumidores más sensibles al precio. Suelen lograr una modesta participación de mercado, inferior al 15 por ciento.
Su presencia es más frecuente en industrias de servicios y en la distribución. JetBlue Airways,
por ejemplo, ofrece una selección de vuelos limitada, opera desde aeropuertos secundarios y cubre sólo una porción del mercado norteamericano.
Depredadores. Los depredadores ofrecen productos con una funcionalidad equivalente a la que brindan los del lÃder referencial, pero a precios inferiores.
En muchos casos explotan las oportunidades que se presentan cuando una industria tiene elevados gastos generales, o exigentes expectativas de rentabilidad. A veces, el aumento de los precios de un lÃder referencial alienta a una firma casi desconocida a lanzar al mercado un producto similar, a un precio muy inferior. A comienzos de los ‘90, los fabricantes de clones de PC ofrecÃan beneficios de funcionalidad comparables a los que brindaba el lÃder IBM, a la mitad del precio. Un depredador puede, también, asociarse con un distribuidor poderoso y asà ahorrar en publicidad y otros gastos, como lo hacen algunos fabricantes de “marcas privadas” para empresas.
Las diferentes estrategias requieren que los clientes cedan algunos beneficios de conveniencia, a cambio de precios menores. Al igual que los “strippers”, muchos depredadores comienzan apuntando a los clientes más débiles (y sensibles al precio). Pero, cuando crecen, pueden atraer a los más valiosos.
Reformadores. A diferencia de los “strippers” y los depredadores, los reformadores no compiten únicamente por precio. En cambio, se distinguen por ofrecer una nueva conveniencia a costa de alguna funcionalidad o conveniencia que brinda el lÃder establecido. La combinación de un precio competitivo (casi siempre menor) y una mayor comodidad hace que sus productos se vean atractivos. El término “reformadores” se refiere al modo en que estas compañÃas modifican la forma de hacer negocios, en un segmento determinado.
Un caso tÃpico es Amazon.com. Mientras las librerÃas tradicionales sólo brindan comodidades funcionales, como rincones de lectura o barras de café, Amazon ofrece la conveniencia de comprar en la Web.
Los reformadores tienden a surgir en tres situaciones vinculadas con el producto: cuando éste puede ser solicitado y entregado online; cuando la orden puede ser telefónica u online y la entrega es por correo, y cuando pueden “desarmarse” los beneficios funcionales y de conveniencia de alto y bajo costo, y hay clientes dispuestos a sacrificar los de alto costo a cambio de una mayor comodidad.
Transformadores. Al igual que los reformadores, los transformadores brindan a los clientes un nuevo beneficio. Pero la ventaja no está en la conveniencia, sino en la funcionalidad. Suelen ofrecer, además, precios más bajos (por utilizar tecnologÃa hasta entonces no disponible, por ejemplo). El término “transformadores” se refiere a su capacidad de alterar radicalmente una industria.
Muchas cadenas minoristas con conceptos “asesinos de la categorÃa”, como Home Depot o Toys “R” Us, fueron, originalmente, transformadoras. Su variedad de productos es mucho mayor que la de los lÃderes referenciales, pero, para mantener los precios bajos, el servicio al cliente es menor. Otros transformadores, como las enciclopedias en CD-ROM, utilizan tecnologÃa para ahorrarles tiempo o espacio a sus clientes. La aparición de este tipo de competidores y tecnologÃas puede tomar desprevenido al lÃder referencial.
Desarrollar un plan de juego
Los competidores low-end tienen también sus aspectos vulnerables. Por lo pronto, un retador tiene que desarrollar conocimiento sobre su marca o producto en la mente del cliente.
Cualquiera sea su estrategia (de “stripper”, depredador, reformador o transformador), deberá invertir una considerable suma inicial para alcanzar niveles mÃnimos de accesibilidad.
Como el atractivo del retador se basa principalmente en el precio, debe asegurarse permanentemente de tener las ofertas más económicas. Su inversión en marketing puede compensar cualquier ventaja de costos obtenida en otras áreas.
Además, muchos competidores low-end tienen escasos márgenes y necesitan mantener altos volúmenes de ventas para ser rentables. Sin embargo, al eliminar o reducir algún beneficio significativo para el cliente promedio, se les hace difÃcil capturar a la mayorÃa del mercado.
Hasta que se establecen en una industria, atraen principalmente a los clientes más débiles del mercado. En contraste, los lÃderes referenciales tienden a ganarse a los clientes más grandes (y saludables).
Frente a las vulnerabilidades del retador, están las ventajas intrÃnsecas del lÃder referencial, que es el dueño de la marca conocida y el que delineó las expectativas del cliente respecto de los beneficios funcionales, estableciendo su reputación sobre la base de la conveniencia y la confiabilidad. Además, como los lÃderes suelen ser grandes y tener economÃas de escala, pueden agregar un punto de precio o un beneficio adicional (para igualar al competidor low-end) incurriendo sólo en costos marginales.
Con tales ventajas, los referentes pueden creerse inexpugnables. Sin embargo, suelen mostrar una peligrosa debilidad: su intenso deseo de proteger las ganancias actuales. Muchos de ellos ignoran el reto y continúan con el negocio como siempre, dándoles asà a sus competidores la oportunidad de hacerse más fuertes y constituir una amenaza incluso mayor para el futuro.
El desafÃo es encontrar la respuesta óptima, de modo de maximizar las ganancias y minimizar los riesgos. Las alternativas estratégicas que se le presentan a una compañÃa establecida son: aguantar a pie firme, ya sea ignorando el desafÃo, bloqueándolo, o adquiriendo al competidor low-end, o bien reforzar su propuesta de valor agregando puntos de precio, aumentando los beneficios o bajando los precios.
Aguantar a pie firme
Cuando un competidor low-end entra al mercado, por reflejo se lo combate con las mismas armas, incluso ofreciendo rebajas superiores. Sin embargo, la mejor respuesta (y la menos riesgosa) suele ser aguantar a pie firme.
Ignorar al competidor low-end. Un lÃder referencial puede ignorar a los competidores, cuando estos carecen de recursos para expandir sus lÃneas de productos y su participación de mercado.
Asà lo hizo Graymont Inc., un referente de la industria minera, al enfrentarse con una cooperativa con escaso potencial para escalar a segmentos más altos del mercado, que ofrecÃa cal a precio más bajo. Graymont mantuvo sus precios en un nivel atractivo, aceptando quedarse con una porción del mercado menor, pero más rentable. Si el precio del retador es mucho más bajo que el del referente de la industria, resultará atractivo para los clientes, pero sus márgenes de ganancia serán escasos. Si la brecha entre ambos precios se reduce, disminuye el incentivo para cambiar.
Bloquear al competidor low-end. Cuando no es posible ignorar a un competidor, los lÃderes referenciales pueden buscar la forma de bloquearlo. Por lo general, sacan ventaja de su tamaño, amenazando con boicotear a cualquier proveedor o distribuidor que haga negocios con el competidor low-end. A veces, la ley es un aliado crucial. En los años ‘80, la industria siderúrgica y otras acudieron a la United States International Trade Commission (Comisión de Comercio Internacional de los Estados Unidos), para denunciar que determinados competidores low-end estaban practicando dumping (inundando el mercado con productos de bajo precio). El resultado fueron aranceles de importación que mantuvieron a la competencia extranjera a raya.
Adquirir al competidor low-end. La última estrategia para aguantar a pie firme es comprar el negocio del retador. Para ello es necesario contar con el capital suficiente, que los costos sean razonables y tener un plan detallado para gestionar el negocio adquirido.
Reforzar la propuesta de valor
Cuando no es posible aguantar a pie firme, el referente de la industria debe considerar otras alternativas. Para reducir el volumen de ventas del competidor low-end y hacerle perder rentabilidad, tal vez tenga que sacrificar alguna ganancia de corto plazo. Pero protegerá su participación de mercado y su rentabilidad en el largo plazo.
Agregar un nuevo punto de precio. Algunos competidores low-end les hacen un favor a los lÃderes, al explotar una fuente oculta de nuevos clientes que finalmente expande el mercado. El referente puede, entonces, introducir su propio producto low-end a igual precio que su nuevo rival, pero ofreciendo más confiabilidad y conveniencia. A fines de los Â’90, algunos “strippers” de California introdujeron computadoras personales
a menos de US$ 1.000, lo cual atrajo fuertemente a clientes con presupuestos limitados. Durante dos años, los lÃderes Compaq, Dell y Hewlett-Packard se resistieron a competir en ese punto de precio, porque querÃan mantener sus márgenes. Pero finalmente ingresaron al extremo inferior del mercado, y descubrieron que sus ganancias podÃan superar allà a las de los “strippers”, debido al peso de sus marcas y a sus economÃas de escala.
Aumentar el nivel de beneficios. Supongamos que el competidor low-end no crea un nuevo segmento de mercado, sino que se alimenta del negocio central del lÃder. Entonces, éste puede hacer ajustes en la propuesta de valor de su lÃnea de productos, empezando por cambios en el desempeño. Esta táctica puede ser eficaz, especialmente cuando los descuentos son menores del 20 por ciento y el lÃder puede implementar mejoras que los clientes percibirán fácilmente.
Los centros comerciales se enfrentaron con una variedad de desafÃos low-end por parte de "strippers” (compañÃas de descuento gigantes), reformadores (minoristas online) y transformadores (asesinos de la categorÃa). Como respuesta, Mills Corp., una empresa desarrolladora de centros comerciales, ideó el concepto de “shoppertainment” (una cantidad de beneficios funcionales orientados a hacer más entretenida la experiencia de compra).
Otros lÃderes respondieron mejorando sus productos, como hizo Procter & Gamble Co. con sus pañales descartables más delgados.
Bajar los precios. El último baluarte defensivo de los lÃderes es bajar los precios. Pero ¿hasta qué punto? Teóricamente, un referente puede reconquistar a todos sus clientes si iguala los precios del retador. Pero no siempre desea (ni necesita) rebajarlos tanto.
Para frenar a los depredadores MCI y Sprint en el negocio de las comunicaciones de larga distancia, AT&T redujo en no más del 10 por ciento sus precios. En cambio, a comienzos de los ’90, Compaq Computer Corp. tuvo que recortarlos más de un 30 por ciento para contrarrestar a los fabricantes de computadoras depredadores.
Ninguno de esos lÃderes referenciales se vio obligado a igualar los precios low-end. No obstante, si un competidor de bajo costo se consolida y los clientes lo equiparan con el lÃder en términos de funcionalidad, conveniencia y confiabilidad, el referente puede tener que hacerlo.
¿Sobrevivir... para volver a luchar?
Antes de tomar cualquier medida frente a un competidor low-end, el lÃder deberÃa preguntarse
si no está librando una batalla que, gane o pierda, tendrá que volver a pelear.
Cuando los ataques low-end son inevitables
Es probable que, aun rechazando exitosamente al retador, el lÃder de la industria haya dejado en pie las condiciones originales que le permitieron entrar. Por lo tanto, antes de actuar debe considerar los tres impulsores básicos de una incursión low-end.
El primero es una industria con precios demasiado elevados, que provocan una disminución de la demanda global. Es lo que ocurrió, en los Â’90, con la industria de las tarjetas de salutación: el aumento agresivo de los precios generó una prolongada caÃda de las compras per cápita.
El segundo impulsor es un canal de distribución que está en busca de un producto, en especial cuando ese canal presta servicios al mercado masivo y necesita una propuesta de bajo costo que el lÃder referencial no brinda. Esta situación se dio en el mercado de las computadoras personales a comienzos de los ‘90, cuando los lÃderes se negaron a vender sus productos a minoristas masivos y prefirieron apelar a la venta directa y a los intermediarios especializados.
La oportunidad fue aprovechada por competidores low-end que estaban deseosos de utilizar los canales masivos. La práctica indica que un lÃder referencial deberÃa considerar el uso de canales del mercado masivo, cuando la facilidad de uso y la accesibilidad de su propuesta son ya compatibles con las habilidades y el presupuesto del consumidor promedio.
El último impulsor es la pesada estructura de costos de un lÃder referencial. Para sostenerla, necesita precios siempre altos, lo cual aumenta el valor del cliente y obliga a ofrecerle más beneficios (a costos adicionales). Los costos y precios continúan en una espiral ascendente, hasta que los “strippers” y depredadores llegan para desarmar el paquete de beneficios y ofrecer un producto más económico.
Las diferentes retiradas estratégicas
Para gestionar su voluminosa estructura de costos, el lÃder de una industria puede reorientar los beneficios hacia los clientes que más pagan. Pero, si los costos continúan siendo altos, la compañÃa enfrentará periódicamente la necesidad de “resegmentar”.
Para no pelear una y otra vez la misma batalla, el lÃder deberÃa analizar la dinámica de la industria, y sus propias operaciones. El autoexamen puede revelar la existencia de algún problema básico, difÃcil de resolver. En tal caso, no conviene resistir, sino retirarse.
Por ejemplo, la empresa podrÃa renunciar a la parte más problemática de su estructura de costos, cerrando alguna planta y derivando la fabricación a proveedores de bajo costo. Otra opción es retirarse de los productos low-end, especialmente cuando no los adquieren los clientes principales.
A fines de los Â’80, el lÃder May Department Stores Co. era propietario de numerosas marcas. Cuando los competidores low-end amenazaron las ganancias de dos de sus marcas más económicas, la compañÃa decidió venderlas.
El lÃder referencial también puede dejar de atender a un determinado segmento de clientes.
En la segunda mitad de los Â’90, mientras los competidores low-end se imponÃan en el mercado de las comunicaciones telefónicas de larga distancia, AT&T se cansó de perseguir a los clientes que casi no usaban el servicio. Comenzó a cobrarles un arancel mensual e intentó desviarlos hacia las tarjetas telefónicas prepagas.
En casos extremos, el lÃder referencial puede replegarse totalmente. A mediados de los Â’80, Salomon Brothers dominaba el mercado de los bonos municipales. Cuando la presión de los bancos comerciales, que ofrecÃan precios más bajos, se hizo sentir, la firma llegó a la conclusión de que sus rivales tenÃan una ventaja de costos permanente y dejó de vender bonos municipales, pese a que su participación de mercado todavÃa era la mayor de la industria.
Luego de estudiar más de 400 industrias, encontramos que menos de una de cada 10 empresas que cotizan en Bolsa tiene márgenes antes de impuestos superiores al 20 por ciento de las ventas, cuando el promedio es del 9 por ciento. Por lo tanto, son pocas las compañÃas que pueden darse el lujo de disminuir sus precios en todas las categorÃas hasta en un 10 por ciento, sin causar estragos en sus finanzas. Al enfrentarse a la competencia low-end, los lÃderes referenciales deben pelear inteligente y selectivamente para no dañar sus propias operaciones.
Es indispensable que conozcan los diferentes desafÃos a los que están expuestos y las condiciones que contribuyen a generarlos. También deben dominar las tácticas que se usan para combatir a estos competidores que surgen desde abajo.
En América Latina, la flotación del tipo de cambio parece ser el mejor régimen cambiario para las economÃas más grandes, en tanto que para las pequeñas y muy abiertas, la dolarización parece ser la mejor alternativa.
Prefieren financiamiento a tasa fija; todos rechazan el CER. Algunos admiten incluso que prefieren endeudarse en dólares, ante la segura revalorización del peso. Las compañÃas planean aumentar sus inversiones.
Dos de cada tres empresarios que admiten que necesitarán tomar crédito en los próximos meses, ya sea para expandirse, renovar equipos o financiar capital de trabajo, sólo se muestran dispuestos a hacerlo si logran captar esos fondos a tasa fija, es decir, mediante mecanismos que los pongan a salvo de probables sorpresas.
Todas las mañanas, Sarjoni Nandyala pone unas pocas barras de jabón Lifebuoy, de Unilever PLC, y varias unidades del champú Clinic en una bolsa y sale a venderlos a sus vecinos en esta polvorienta aldea agrÃcola del sudeste de India.
Para Nandyala, que obtuvo un préstamo de US$ 200 de una agencia gubernamental de micropréstamos para empezar su negocio, el trabajo es desafiante y las ganancias modestas, US$ 16 al mes como promedio.
Los vendedores dicen mas o menos esto: “Cobrar siempre se cobra, lo difÃcil es vender”. Siempre le digo a los participantes de mis talleres esta frase real, que un vendedor me dijo en una oportunidad.
Corporate history is replete in challenges, successes and failures. One of the most important reasons for failure has been the lack of ability to adapt to the signs of the times. The only thing constant is change, and giving this up means giving up on the future.
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